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El único camino para la Unión Europea

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El único camino para la Unión Europea - Política

Como todos sabemos a estas alturas, la mayoría de los británicos ha decidido salir de la Unión Europea. Aunque esto tendrá indudablemente consecuencias económicas negativas para las dos partes, éstas serán insignificantes en comparación con las políticas. Y es que el Reino Unido ha puesto en serio peligro la misma existencia de la Unión.

El resto de gobiernos tiene que tener muy clara cuál es la prioridad ahora. No se trata de salir de este escenario con un impacto económico mínimo, o de potenciar las finanzas en el corto plazo. El único objetivo de la Unión Europea a partir de este momento debe ser su propia supervivencia, incluso a expensas de efectos más negativos en el presente para asegurar un futuro de prosperidad a largo plazo.

Los ciudadanos tendemos a olvidar los beneficios que trae cualquier situación política o económica. Nadie piensa en lo afortunado que es por tener una casa caliente, si no ha vivido de cerca el frío en sus propias carnes. Esto da alas a todo tipo de movimientos reaccionarios, como este mismo Brexit, los nacionalismos, los extremismos a izquierda y derecha… Es muy fácil y popular culpar de cualquier bache al sistema actual. En España el culpable es Alemania, en Cataluña el culpable es España, en el Reino Unido, la Unión Europea. El que vende la realidad, tiene que explicar sus imperfecciones. El que vende sueños puede pintar el cuadro que quiera.

El único camino para la Unión Europea

Creo que ningún economista serio discute que cuando se eliminan las barreras comerciales entre dos economías ambas acaban ganando. Y que por tanto, imponer barreras al comercio con el Reino Unido perjudicará fuertemente a éste, y por tanto, también a la Unión Europea.

Pero hay algo mucho más importante en juego. Millones de euroescépticos están esperando una salida suave de Reino Unido para convencer al resto de que la salida no tiene consecuencias. La extrema derecha en Francia e Italia ya ha pedido su propio referéndum, y se esperan reacciones de otros países de la UE.

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Por lo tanto, el único camino para la supervivencia de la Unión Europea es demostrar lo contrario. Es necesario que el Reino Unido sufra las consecuencias económicas de la salida, cuanto más graves mejor -por mal que suene esto-, incluso a expensas de un castigo, que será relativamente menor, por la diferencia de tamaños, a los propios integrantes de la Unión. Es triste y seguramente impopular hablar de perjudicar a otro mucho perjudicándonos a nosotros mismos en menor medida, pero sin acción ejemplarizante, la UE desaparecerá. Es Reino Unido el que la ha puesto en jaque, y la UE necesitará perder algunas piezas si quiere ganar esta partida.

Respuesta en bloque

Desde su concepción, Reino Unido siempre ha tenido una relación extremadamente ambigua con la UE. Queriendo formar parte del club, pero poniendo piedras en el camino de la integración. Beneficiándose de los privilegios, pero culpándole de todos sus problemas. Y ahora ha dado el último y más duro golpe. Ni que decir tiene que la UE tiene un grandísimo margen de mejora, como ellos apuntan, que podremos plantear en otro artículo. Pero la opción de Reino Unido ha sido torpedearla hasta la extenuación, en lugar de ayudar a crear un bloque mejor. Y la UE no ha dejado de hacer concesiones, convirtiéndose ella en el eslabón políticamente más débil.

En este sentido, Juncker ya ha empezado con un tono más agresivo que el que ha venido trayendo hasta ahora, exigiendo al Reino Unido su salida inmediata de la Unión Europea, en lugar del retraso que quiere imponerse desde Londres. Y este es exactamente el camino a seguir. La respuesta de la Unión como bloque tiene que ser clara y agresiva, políticamente hablando: debéis marcharos cuanto antes, los tratados quedan inhabilitados, y a partir de aquí empezamos a negociar. A pesar de las trabas legales que suponen el artículo 50, que obliga a dos años de permanencia a partir de la solicitud de salida, que fue escrito sin nunca pensar que iba a ser necesario usarse y que favorece injustamente al que sale.

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Porque, no lo olvidemos, Reino Unido es la segunda economía de Europa. Una reacción de un solo país puede provocar una reacción británica que le haga mucho daño – por ejemplo, poniendo trabas al turismo en España, o perjudicando las exportaciones alemanas. Los gobiernos de la Unión deben mostrar la misma ambigüedad que ha tenido Reino Unido hasta ahora, y es la Comisión Europea y el resto de representantes de la UE los que tienen actuar, con el fin impedir reacciones concretas contra uno de los miembros. Al final, esa es la fuerza de pertenecer a un bloque. A cada uno de ellos puedes hacerles daño, pero a todos juntos no – o no tanto.

Además se debe reinstaurar la idea en los diferentes pueblos de que pertenecer a la UE es un privilegio. Alimentar el sentimiento europeo. Verlo como la grandísima suerte de nuestro tiempo que es, que nos ha traído un periodo de paz y prosperidad como nunca en la Historia ha habido en Europa. Y eso no se puede conseguir mostrando debilidad ante cada estado miembro que quiere un estatus especial. Es necesario hacer entender a Suecia que o entra dentro del Euro o se va Unión Europea. A Noruega que no tiene por qué tener un estatus especial de libre comercio si no quiere entrar. La UE no puede ser un club que ruega a los estados estar en él. Tiene que ser un club en el que los estados aspiran a entrar.

Tiempos difíciles

En conclusión, la salida del Reino Unido ha supuesto un golpe extremadamente duro en la línea de flotación de la UE. Y ante esta perspectiva, es más probable que nunca que la UE desaparezca a causa de un efecto contagio. Todos hemos perdido ya con esta salida, pero podemos perder mucho más. Es hora de que la UE reaccione adecuadamente para decir al mundo que sabe plantarse, que sabe coordinarse, que sabe decir no. Y sobre todo, que formar parte de esta Unión es un privilegio único que no podemos arriesgarnos a olvidar.


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Emilio Fernández

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