Literatura

Vals Vienés. Silvia Pérez Cruz.

Vals Vienés. Silvia Pérez Cruz. - Literatura

Probablemente llegué por casualidad a encontrarme con algún vídeo de la tal Silvia. Link encadenado a otro link, que te lleva a otro link de similitudes escalonadamente diluídas entre bytes. Supongo que empezaría viendo algún vídeo metal, de Slipknot, o Disturbed, o algo más ska y desmadrado de connotaciones políticamente izquierdistas, el caso es que la descubrí por puro azar. La suerte a veces es puta y a veces agraciada, supongo que una vez en nuestras vidas será algo más y nos regalará el llegar a descubrir a esta mujer.

La canción del vals vienés recoge las letras de un poema de Lorca (¡y yo ni lo sabía!) que Leonard Cohen se atrevió a adaptar en su versión “take this waltz”. La propia letra del poema es triste, es un baile desdichado de pareja Melancolía, es una danza de pena y lamento empapada en alcohol y pesares.

En un vals se gira, y creo que ésa es un poco la sensación que el Granadino nos quería transmitir con sus emociones, ver reflejada la tristeza ajena (que es nuestra) en nuestra pareja mientras todo en derredor gira en una espiral que no se sabe si va o viene.

Leonard Cohen le dio, si cabe, más oscuridad, con esa voz grave que el Canadiense atesoraba entre letras de aislamiento y lástima. Nuestra Ana Belén también hizo su propia versión femenina, con algo más de luz, y con una vida yuxtapuesta a la muerte emocional garabateada entre los vocablos del poema. Luego vino Silvia.

Esta mujer hace, como quien dice, lo que le da la gana con su voz. Juega con altos y bajos (sobre todo con altos), y lo hace con una fuerza y una claridad que hace que nos olvidemos totalmente que detrás de ella existe una banda que le abriga. Supongo que se quedará vacía por dentro, que esa manera de expulsar sentimientos le dejará desnuda cara al exterior, como diciendo “yo soy esto, es todo lo que hay”, apareciendo virgen y desvalida, porqué esa voz lo da todo y casi pide crédito para darnos un poco más. Una de esas voces que no hace sino pedirnos que subamos el volumen hasta casi dejarnos sordos, angélicamente sordos, con ese timbre perpetuo en martillo-yunque-estribo, y corazón.

La verdad es que no sé dónde me metí todos estos años sin, ni siquiera, haber oído hablar de este regalo vocal.

Quien no se emocione escuchando esta versión del vals vienés debería cuestionarse la validez e integridad de sus sentimientos.

 

Adjunto el vídeo aquí.

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Fausto

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