Historia

Venezuela: De Las Tierras Indígenas A La Conquista Y Colonización



Venezuela: De Las Tierras Indígenas A La Conquista Y Colonización - Historia

Hasta donde se ha podido evidenciar en Venezuela no existieron formas de propiedad de la tierra, es decir, aun en sistemas de producción de agricultura intensiva como en los campos elevados de cultivo, los montículos y calzadas en los llanos o en las comunidades andinas se encuentran son formas de posesión colectivas, no de propiedad privada en sentido de comunidades diferenciadas en clases sociales (Gasson, 2001: 179-209), las comunidades vivían con una distribución del trabajo donde prevalecía la igualdad social, no hubo clases sociales, ni división entre ricos y pobres, no hubo explotación ni diferencia entre poseedores y desposeídos, ni propiedad privada de la tierra, lo que se plantea como una tesis y no como una simple hipótesis (Brito Figueroa, 1987: IV, 1.42; Arcila Farías, 1968: 18).

La conquista y colonización vinieron junto a la modernidad impuesta desde Europa. Trajeron consigo una diversidad de formas de apropiación de los de las riquezas existentes, ya fuesen materiales o espirituales. En este sentido, es que se establecen formas de propiedad de la tierra, en primer lugar la Corona española justifica la invasión americana a través de la cesión que el papa Alejandro VI quien, en palabras de Juan Solórzano y Pereyra (Solórzano y Pereyra, 1776: 10), hace la primera división de tierras y entrega una parte a los portugueses y otra a la Corona de Castilla, con la intención de dirimir la disputa existente entre España y Portugal sobre las tierras a las que llegó Colón. El papa otorga a los reyes españoles la potestad de entregar estas tierras, conviene preguntar: ¿Quién se las concedió al papa? Por ello Dussel afirma que es la primera vez que la Iglesia otorga el doble poder de colonizar y misionar, donde se mezcla «lo temporal y lo sobrenatural, lo político y lo eclesial, lo económico y lo evangélico, produciendo de hecho algo así como una teocracia expansiva y militar de tipo más bien islámico que cristiano» (Dussel, 1992: 39, 40). Luego de que el Estado español se apropia de estas tierras, empieza a cederlas como merced real a sus súbditos, por derecho de conquista, es decir, por la fuerza de las armas. De esta manera se entregaban en encomiendas a los indígenas para que trabajaran la tierra como como parte del tributo y se les cedían porciones con límites imprecisos que dependían de los méritos y servicios prestados a la Corona (Brito Figueroa, 1985: González Segovia, 2017: 139-162), los cuales consistían en procesos violentos de sometimiento de las poblaciones indígenas por «grado o por la fuerza».

El sistema de encomiendas resultó un completo fracaso y el Estado español asume la colonización por medio de las misiones, donde la Iglesia católica asume directamente tanto la explotación de la mano de obra a través del servicio personal indígena por tiempo determinado que llega hasta veinte años por poblado establecido, así como las siembras y potreros comunales. Se afirma que los misioneros no tenían la propiedad de la tierra, que solamente fungían de administradores de lo producido. En sus inicios los misioneros tuvieron, incluso, la osadía de entregar mercedes de tierra a colonos, facultades que no poseían legalmente (González Segovia, 2013).

A cada pueblo se le entregaba una legua de cuadro como parte de los Resguardos Indígenas para siembras y potreros comunales, en las cuales se producía lo que el pueblo consumía, repartido equitativamente entre lo que cada familia aportaba en trabajo y lo que se necesitaba. Una extraordinaria claridad muestran los indígenas en una querella que se presentó en la población de Cojedes en el actual estado del mismo nombre, cuando declaran que «…todo dimana de la ambiciosa introducción y apego que tienen de las tierras de los indios (…) todo el empeño es arruinarlo, porque los criadores quieren como principio o fundamento de su fortuna la desolación de los pueblos…» (Academia Nacional de la Historia. Departamento de Investigaciones Históricas. Resguardos Indígenas de Cojede. Expedientes Civiles. Tomo 6.673. 1808, fol. 95); sobre este tema de los Resguardos se volverá más adelante.

Se pueden diferenciar las siguientes formas de tenencia de la tierra en tiempo colonial: 1) Tierras propiedad del Estado metropolitano, baldíos o realengos de uso colectivo aguas, pastos, praderas, libertad de tránsito, 2) Tierras de ciudades, villas y pueblos, 3) Tierras propiedad privada, derivada de la conquista colonización y usurpación del suelo. 4) Tierras comunales indígenas, 5) Tierras de la Iglesia (Castillo Lara, 1981: 203: Arcila Farías, 1968: 11; Brito Figueroa, 1985: 11-36).

A mediados del siglo XVII y en el XVIII empiezan a inventarse diversas formas de apropiarse de las riquezas que produce la tierra y de ella misma como portadora de bienes inmuebles, muebles y semovientes. De allí surgen figuras como el «Derecho de Aucción», que fue una forma de apropiarse del ganado cimarrón, mostrenco y orejano que deambulaba libre por las sabanas y llanos (González Segovia, 2014: 321-340), así mismo, se incentivan de las composiciones de la tierra a mediados del siglo XVIII, las cuales se definen como las formas de legalización de tierras ocupadas ilegalmente. Esta forma de legitimar la propiedad de la tierra debía cumplir con los requisitos de ley, es decir, tener el tiempo como ocupante de la tierra, a partir de la cual adquirían la facultad de gravar, vender a libre voluntad con el pago de las rentas determinadas por el Estado, después de que eran sometidas a la confirmación, cinco años después de la Composición (González Segovia, 2013: cap. IV).

Las tierras «compuestas» llegaron a tener grandes extensiones cuyos propietarios  eran pocas personas, en oportunidades eran equivalentes a los territorios de principados alemanes, aunque con menor renta de la que aquellos obtenían (Izard, 2011), en todo caso, eran superficies aproximadas de aquel que «componía» unas tierras como suyas, sin linderos precisos, aduciendo nombres de lugares y/o quebradas, en la mayoría de los casos en función de los ganados cimarrones que pudiesen someter. Eran superficies que llegaban a tener 10, 18 hasta 25 o más leguas en cuadro (Acosta Saignes, 1983: 54, 55), esto hay que multiplicarlo por 5,5 km por legua y se tiene la extraordinaria superficie de 55 a 137,5 km.

En los primeros tiempos, por la existencia de inmensas porciones de tierra inexploradas, no presentó mayores problemas a los conquistadores quienes fácilmente podían escoger los mejores sitios y ocuparlos mediante el despojo a los indígenas, pero a medida que avanza la conquista aumentan los vecinos y escasean las tierras cercanas a las urbes, entonces se complica el problema y se debe continuar colonizando tierras al sur, a zonas no exploradas hasta entonces.

Los llanos, entonces, empiezan en esos momentos a servir de refugio a las sociedades que se escapan del orden colonial, tanto indígenas como africanos y sus descendientes, se establecen, entonces, una serie de sistemas opresivos que buscan asumir el control de los espacios del llano a través de las Ordenanzas de los Llanos y las Cuadrillas de Rondas, como medios de reprimir a las grandes mayorías que escapaban del orden colonial a quienes se les llamó malentretenidos, vagos y bandidos (Izard, 2011; Lucena Salmoral, 1979: t. II, 191-225). Los indígenas, rápidamente, aprendieron las faenas ganaderas tanto de los africanos, quienes venían de sociedades pastoriles, como de los europeos pobres de Murcia, Valencia e isleños. Humboldt refiere que en su viaje fue testigo de que los indígenas ya eran hábiles con el ganado, al punto de que ocho podían descuartizar una res en veinte minutos (Humboldt, 1985: t. 2: 33, 34, 37, 91).

Los inicios del latifundio en Venezuela tienen sus orígenes en estas formas de apropiación y cesión hechas por la Corona española en nuestro país. Desde el principio la ocupación de la tierra fue por Derecho de conquista, del papa al rey, y de estos a los colonos, según sus «méritos y servicios». Estos «méritos y servicios» eran, fundamentalmente, por la forma violenta como sometían a nuestros ancestros aborígenes o africanos y a sus descendientes que estaban en plena rebeldía contra el invasor. Visto así, tendríamos un panorama indicativo de que la legalidad de los papeles no siempre es la justicia de la posesión ni de la propiedad.

La sociedad venezolana mantuvo sistemas productivos basados en las formas agrícolas tradicionales, de manera que el rendimiento agrícola y pecuario se vinculaba a las necesidades mundiales de mercado, ya sea en forma de cacao, ganado, cueros, añil o cualquier otro producto-mercancía, que permitía la valoración de la tierra, porque una parte de la plusvalía total se engendra por el capital social general; en esta etapa histórica, después de haberse distribuido toda la plusvalía susceptible de reparto, entonces, corresponde a la renta el suelo. Al iniciar la conquista, la renta del suelo era exigua, porque se basaba en formas de producción precapitalistas. Por ello, Marx refiere que, al avanzar y consolidarse el capitalismo, surge la etapa industrial de capitalismo donde cambian, también, la relación de la renta y plusvalía del suelo (Marx, 1973: vol. III: 717-753). En el capitalismo, la etnización y la racialización trascienden como formas específicas de la división de trabajo para la explotación de las grandes mayorías oprimidas; tal como lo ha presentado Fanon, Robinson, Quijano-Wallerstein (Fanon, 1983 y 2009; Robinson, 2000; Quijano y Wallerstein, 1992: 583- 591). De allí que las categorías de indios, blancos peninsulares, blancos criollos, pardos, mulatos y toda una variedad establecida en el tiempo colonial, tenían consigo la diferenciación en diversas actividades productivas que se rompieron en la medida de que los sectores oprimidos asumieron formas de hacerse de algunas porciones pequeñas de tierra, como pasó con algunas de las llamadas arboledillas en lugares donde se cultivaba cacao, con algunas reses en sitios de faenas ganaderas o que se distinguieron por realizar diversas actividades manuales, prohibidas a la gente noble o de alcurnia. En todo caso, las luchas populares, desde la época colonial hasta nuestros días, está signada por el problema de la propiedad y usufructo de la tierra.

Referencias

Gasson, Rafael (2001).  «Tipos y grados: Organizaciones políticas prehispánicas del Occidente de Venezuela», en: Lino Meses y Gladys Gordones. La Arqueología venezolana en el Nuevo Milenio. Mérida, Consejo Nacional de Cultura-Museo Arqueológico Gonzalo Rincón Gutiérrez, pp. 179-209.

Brito Figueroa, Federico (1969). Tiempo de Ezequiel Zamora. Caracas, Ediciones Centauro. 1969.

Brito Figueroa, Federico (1985). El problema tierra y esclavos en la historia de Venezuela. Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1985.

Brito Figueroa, Federico (1987). Historia Económica y Social de Venezuela. Caracas, Universidad Central de Venezuela, 4 tomos.

Arcila Farías, Eduardo (1968). El régimen de la propiedad territorial en Hispanoamérica, en: La Obra Pía de Chuao. Caracas, Universidad Central de Venezuela, pp. 10-49.

Solórzano y Pereyra, Juan de (1776). Política Indiana. Madrid, Imprenta Real de la Gazeta (sic), tomo primero.

Dussel, Enrique (1992). Historia de la Iglesia en América Latina. Madrid-México, Mundo Negro-Esquina Misional.

González Segovia, Armando (2013). Historia de la Colonización en la Jurisdicción de la Villa de San Carlos de Austria como Avanzada Europea en los Llanos de Venezuela. 1678-1820. Caracas, Universidad Central de Venezuela. Tesis presentada para optar al Título de Doctor en Historia, 2013.

González Segovia, Armando (2014). «El Derecho de Aucción o la Forma de Apropiarse del Ganado Alzado en el Tiempo Colonial». Caracas, Tiempo y Espacio/ Centro de Investigaciones Históricas Mario Briceño Iragorry, Vol. 32, Nº 61. González Segovia, Armando (2017). «Encomiendas en el Llano de Venezuela. Proceso colonial de los siglos XVI y XVII». Barcelona, España, Boletín Americanista, Universidad de Barcelona, año LXVII, 1, n.º 74, Barcelona, pp. 139-162.Enero-junio, 2014, págs. 321-340.

Izard, Miguel (2011). Ni cuatreros ni montoneros, llaneros (compilación prólogo y bibliografía Armando González Segovia). Caracas, Centro Nacional de Historia, colección Bicentenario.

Lucena Salmoral, Manuel (1979). «El Sistema de Cuadrillas de Ronda para la Seguridad de los Llanos a fines del Período Colonial». Caracas, Academia Nacional de la Historia, Memoria del Tercer Congreso Nacional de Historia, Caracas, t. II, pp. 191-225.

Castillo Lara, Lucas Guillermo (1981). Apuntes a la historia colonial de Barlovento. Caracas, ANH.

Acosta Saignes, Miguel (1983). Bolívar: Acción y utopía del hombre de las dificultades. Caracas, UCV.

Fanon, Frantz (1983). Los condenados de la tierra/ Prefacio de Jean-Paul Sartre, Traducción Julieta Campos. México, Fondo de Cultura Económica, séptima reimpresión.

Fanon, Frantz (2009). Piel negra, máscaras blancas. Traducción de Iría Álvarez Moreno (textos de Judith Butler y Sylvia Wynter), Paloma Monleón Alonso (textos de Lewis R. Gordon y Nelson Maldonado-Torres) y Ana Useros Martín (textos de Frantz Fanon, Samir Amín e Immanuel Wallerstein). Madrid, Akal ediciones.

Quijano, Aníbal e Wallerstein, Inmanuel (1992). La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial. Revista Internacional de Ciencias Sociales, UNESCO, 134, pp. 583- 591.

Robinson, Cedric (2000). Black marxism: the making of the Black radical tradition / foreword by Robin D. G. Kelley; with a new preface by the author. The University of North Carolina Press.

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