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¿De verdad hoy en día disfrutamos del cine que vemos? (La opinión de Tarantino sobre las plataformas VOD)

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¿De verdad hoy en día disfrutamos del cine que vemos? (La opinión de Tarantino sobre las plataformas VOD) - Sociedad

Quentin Tarantino estuvo algún tiempo trabajando en un vídeo club, justo antes de que le dieran la oportunidad de dirigir su primera película, Reservoir Dogs. Si hacemos un ejercicio de imaginación podríamos verle en el establecimiento. Probablemente sería uno de esos vídeo clubs pequeños, con películas raras o muy poco comerciales en los expositores. Seguramente se pasaría las horas hablando de cine con el compañero de turno o con los clientes habituales. Un poco como hacían los personajes de la novela (y pelicula) Alta Fidelidad, solo que ellos hablaban de música en la tienda de discos que tenía el protagonista. Si uno piensa en esa imagen, la de un vídeo club de esos con cintas VHS en lugar de dvd’s, o incluso con dvd’s, pensará que ahora las cosas son más sencillas. Si queremos ver una película solo tenemos que ir a internet y descargarla (de manera legal o no). O más sencillo aún, verla en streaming en una de las múltiples plataformas digitales que ofertan un catálogo amplísimo. Si alguien me hubiera dicho hace viente años que un día podría tener al alcance de un clic de ratón un vídeo club entero, …

Para Tarantino el cine debe ser como él lo concibe desde esos años en los que trabajaba en el vídeo club. Por eso sigue haciendo sus películas en formato analógico y no digital. Puede que ahí encontremos algo que lo distingue de muchos otros. Pero también puede que pensemos que Tarantino es un tío que no ha progresado, que se ha quedado estancando en otra época. Y no se ha quedado ahí porque Tarantino no es socio de ninguna de las plataformas de video on demand. Él sigue pensando que los vídeo clubs son mucho mejores que esas plataformas digitales. Pero no lo dice porque sea un tipo que odie la tecnología. Bueno, al menos no parece que esa sea la razón.

Su razonamiento es bastante lógico. Tarantino dice que las plataformas como Netflix permiten al espectador elegir entre un amplio número de posibilidades. En Netflix puedes ver películas y series, y tienes mucho en donde elegir. Hasta aquí nada diferente con respecto a los vídeo clubs de los años ochenta y noventa. Ibas al establecimiento y elegías entre todo el catálogo disponible. Pero el problema de estas plataformas se fundamenta en que la oferta es tan amplia, y es tan fácil llegar a ella, que no acabamos prestando atención a lo que vemos. Y eso hace que no seamos capaces de disfrutar y valorar una obra como deberíamos.

Cuando nos ponemos a ver una película o un capítulo de una serie en una plataforma digital, pueden pasar dos cosas: o bien lo que vemos nos engancha, o bien cualquier insignificante detalle de la historia nos hace perder la concentración y hace que queramos ver otra película o capítulo de serie. Por ejemplo, muchas veces alguien nos recomienda una serie. O somos nosotros mismos los que hemos averiguado la trama de una serie que nos llama la atención. Vemos el primero episodio y no nos gusta, y ya vemos el segundo con cierta desgana. Si ese segundo capítulo no nos gusta, desecharemos la serie por completo. ¿Por qué? Porque hay mucho donde elegir. ¿Para qué perder el tiempo con una serie que “parece” que no me va a gustar? Y lo mismo pasa con las películas. Si a los diez o veinte minutos la película no nos entusiasma, pasamos de ella. Algo habrá mejor para ver.

Esto que parece algo intrascendente, se ha generalizado. Yo mismo lo hago. Y veo que muchas personas lo están haciendo. La gente va al cine y no tiene la paciencia suficiente para meterse en la historia que nos cuentan. Parece que si la película no te explica todo en la primera media hora no vale la pena verla. Pero claro, en el cine has pagado una entrada, y lo más lógico es que te quedes hasta el final. Pero en internet no es necesario quedarse. Le das al stop, y buscas otra cosa.

Podríamos pensar que Tarantino se equivoca. Cuando alquilabas una película en un vídeo club, pasaba lo mismo. Elegías entre una amplia oferta disponible, te llevabas la película a casa, y si no te gustaba, le dabas al stop de tu vídeo, y se acabó. ¿O no era así? Yo creo que no. No recuerdo que fuera así. Yo fui socio solo de un vídeo club. Para ser más exactos, fueron mis padres los que se hicieron socios de un vídeo club pequeño. Me puedo imaginar a Tarantino trabajando allí. Cuando iba a aquel vídeo club tenía mucho en donde elegir. Pero yo iba sin ninguna idea en mente. La mayoría de las veces miraba las carátulas de los estrenos que había y elegía una o dos películas. Recuerdo que en una ocasión ví en la carátula a Arnold Schwarzenegger. Yo sabía quien era aquel tipo musculoso porque ya había visto en televisión Conán, el bárbaro y Terminator. Y como aquellas películas me habían gustado, me decidí a llevarme aquella otra en la que salía el actor austríaco. Aquella película que alquilé en aquel pequeño vídeo club era Depredador. Una de mis películas favoritas desde entonces.

No puedo imaginarme que aquel día, cuando llegue a mi casa y puse en el vídeo la película (de la cual no sabía casi nada), me hubiera dado por detener la cinta a los quince minutos porque no me gustara o porque no entendiera de qué iba todo aquello. Salen unos tipos de un helicóptero y el bueno de Arnold se pone a hablar con otros dos tipos sobre una misión que tienen que hacer y bla, bla, bla. Si en aquel entonces hubiera tenido en mis manos veinte películas, tal vez hubiera pensado que en alguna de ellas habría algo mejor, más entretenido o más fácil de comprender. Pero no. Solo tenía otra opción. Cada vez que nos pasábamos por el vídeo club cogíamos dos o como mucho tres películas. No recuerdo el precio del alquiler, pero dudo mucho que a mis padres les hiciera gracia que desechara algo en el que se habían gastado unas cuantas pesetas.

Las palabras de Tarantino me hicieron pensar. Creo que tiene razón. Y creo que no solo afecta a como vemos cine o televisión hoy en día. Sin ir más lejos la música ya pasó por algo parecido cuando el cd llegó al mercado. La primera música que escuché con atención fue la que salía del tocadiscos que mi padre había comprado para sus vinilos. De los vinilos uno podía sacar una copia en casette para oír la música en un walkman. La tecnología avanzaba también en los ochenta. Y cuando llegaron los cd’s seguí haciendo lo mismo. Escuchaba en un walkman las cintas de casette que grababa de esos mismos cd’s. En cierto modo aprendí a tener paciencia porque con la música en casette tenías que escuchar todo. Había aprendido a no pasar de canción en canción hasta encontrar algo que me gustara. Me paraba a disfrutar desde la primera hasta la última canción. Y aún hoy día, cuando vuelvo a escuchar los mismos cd’s, sigo teniendo esas mismas sensaciones, las mismas que sentía entonces.

Una generación de personas que se “educó” escuchando música en cd’s, con la posiblidad de apretar un botón para pasar a la siguiente canción, y a la siguiente canción, …, ¿alguien se extraña del triunfo de los mp3’s? Cuando por fin llegaron las plataformas en streaming, la gente dejó de bajar música de manera masiva, pero no cambió el hábito de escuchar y tirar. Que es lo mismo que le ha pasado al cine, a las series, y mucho peor, a la lectura. Nuestra capacidad de concentración o de paciencia ha disminuido por la amplísima oferta de diversión que tenemos. Y eso por sí sólo no está mal. Pero puede que de tanto que nos ofrecen no seamos capaces de disfrutar de nada. Todos menos Tarantino, que seguro que sigue visitando pequeños vídeo clubs para alquilar películas coreanas de los setenta.

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perher

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