Literatura

Visualizando el éxito – Vida y obra de Julián Anguiano

Visualizando el éxito – Vida y obra de Julián Anguiano - Literatura

Segunda parte de una serie de vivencias de una persona con el alma gris, y tan especial como cualquier otra en el mundo

Me estaba poniendo mi pantalón que había comprado en la ropa de paca del tianguis apenas el sábado pasado, cuando el timbre sonó de forma vehemente. Mierda, ojalá no sean los de la departamental, porque ya me chingué la quincena. Tomo aire, me mentalizo preparado para atender a esos hijos de puta, dispuesto a rogar, como si un arma estuviera cargada hacia mi sien, por 3 días más de prórroga para dar la mensualidad de mi TV 4K, porque puta, qué exitoso soy.
Veo una silueta femenina atravesando la cortina beige, “que buena esta la señorita”, pienso al ver las curvas de las tetas de aquella emisaria del mal, dispuesta a no irse de ahí sin dar la batalla para sacar al menos “pa´l chesco”. Así me pasó con Uriel, el simpático joven que de repente veía en el parque de la cerrada embelesado con su música proveniente de lo que presumía ser un IPhone x (puta, que exitoso es ese güey), y que entre dimes y diretes le expuse el mes pasado el porqué este pobre diablo, su servidor, no podría cumplir con la obligación crediticia de ese período. Solté “pa´l chesco”, “una sor Juana mínimo” me decía Uriel ecuánime “de lo contrario sí tendría que procesar una orden de impago mensual, y eso mi estimado señor Julián, no le gustará nada”. Vete tú a saber si era cierto o no, o que chingaos era esa orden de impago, pero mientras era Chana o Juana ahí estoy colocándole un billetito verde debajo del folder azul que traía bajo el sobaco.
Aún hundido en aquellas agradables remembranzas, abro la puerta ensayando en mi mente un discurso rápido de excusas para soltar cual metralleta, sobre aquella fémina insaciable de soborno. Cuál fue mi sorpresa, o más bien espanto, que veo a mi “cogiamiga”, Aurora, muy quitada de la pena parada sobre el tapete de Welcome. Estaba que me moría “que haces aquí, estás loca, no sabes el pedo que se va a armar” le suelto, al tiempo que ella, más pacífica que el Dalai Lama, me dice que viene a invitarme personalmente a un seminario. Yo, aún ahogado en rabia, y con el patatús a tope, le digo que no puede ir a mi casa como si nada, puesto que mi esposa, siempre al acecho, le romperá la cara. “No me contestabas los mensajes, entonces vine aquí con mi equipo” decía, mientras hacía una seña con el dedo pulgar. De la camioneta roja que estaba parada enfrente de mi casa, descendieron 4 pulcros escuincles ataviados, cada uno, con un traje negro presumiendo ser de Tom Ford; puta, que exitosos eran.
Pavoneándose ellos como si de verdad me estuviera cagando de la impresión, y esgrimiendo sonrisas psicópatas, se acercan al tiempo que me extienden la mano. Se las estrecho, mientras me bombardean de amor, elogiando mi horrible camisa hawaiana; que qué joven y radiante me veía, siendo que me cargaba tremendos bolsonones en la cara; que qué bonita casa, que si era estilo francés, cuando la fachada estaba en obra negra y así una enorme perorata de elogios, que por momentos sentía que me había dado la diabetes de tanta miel que derramaban esos cuatro pendejos desconocidos, digo, perfectos desconocidos.
“Se tú y logra todas tus metas, se tú y abraza el éxito, se tú y el mundo te quedará chico” decían al unísono aquel mantra sin sentido, al tiempo que hacían ademanes muy extraños, tal vez para poner más drama a su discurso. Resulta que venían a venderme la idea de asistir a un seminario de superación y empoderamiento personal, y me la pasé treinta minutos escuchando a aquellos bastardos presumiendo de sus viajes al extranjero; de cómo se sentían ya con su nueva libertad financiera; de cómo ahora tenían relaciones más sanas; de cómo se habían enamorado y casado en menos de un mes; de cómo habían erradicado el SIDA y el hambre mundial y un largo etcétera de testimonios sucedidos uno tras otro. No podía dejar pasar esta oportunidad, y cuando Aurora me alcanzó la forma para inscribirme formalmente al seminario, no iba a ser tan imbécil para no firmarla. Porque puta, que exitosos eran estos mini Trumps.
El día de mi purificación mental, salgo muy sonriente con la intención de comerme al mundo. Paso la llave sobre la puerta de la entrada cuando descubro al Pastor Don Anselmo conduciendo un auto deportivo junto a su nueva esposa Jimenita. El cabrón me toca el claxon repetidas veces mientras me saluda con una gran sonrisa, aquella que sólo alguien que ha alcanzado el punto más alto de la pirámide de Maslow tiene el derecho a esbozar. Tiene rato que no voy a sus sermones, pero por lo que veo no le ha ido nada mal. Puta, que exitoso es.
Ya en el Centro de Convenciones del Seminario, y mediante una Presentación de Power Point, aparentemente hecha por encargo a un simio que no tenía puta idea de estilo, el orador se sumerge en una especie de trance, alzando su mano izquierda tal vez con la intención de presumir su costoso reloj, para hablarnos del poder inmenso que tenemos dormido. Nos echa un “si Steve Jobs pudo, ¿por qué no ustedes?”, pobre Steve Jobs, me imagino que, si reencarnara en un oriundo de Michoacán, la presión con la que cargaría el compadre para fundar otra empresa, pero ahora llamada Aguacate; demostrando así, de una vez por todas, que no importa dónde naces, todos tienen las mismas oportunidades de sobresalir, sólo que eres un huevón y maldito conformista y por eso no progresas chingadamadre.
“Antes de venir, no sabía qué hacer con mi vida, pero después de escucharlo a usted reinventaré la rueda” dijo uno de los asistentes. “No me atrevía a perseguir mis sueños, pero ahora haré lo que siempre quise, seré futbolista profesional y jugaré en el mismo equipo que Neymar” dijo un jovencito obeso de unos 42 años, con lágrimas en los ojos mientras otra persona remataba con el micrófono “Imaginémonos cosas chingonas, carajo”. El lugar estalló en aplausos, bríos y vítores mientras el orador le ponía play a un vídeo donde aparecían Ferraris, productos Channel y de Louis Vuitton, la torre Eiffel, Rolex y una frase en fucsia mamoncilla “Si crees que puedes o no, en ambos casos tienes razón”. Me quede anonadado; puta, que exitosos eran estos cabrones.
Seis meses más tarde, mientras me estaba poniendo mi pantalón, que había comprado en la ropa de paca del tianguis seis meses atrás, el timbre sonó de forma vehemente. Era Aurora, que me enteré había llegado de Dubái hace una semana, y yo, obvio, emputadísimo porque mi esposa estaba prendiendo el boiler en el patio de atrás. “No, que paso de rápido, quería ver si me prestabas cien pesos y te los paso el viernes, primero Dios, que me depositan la quincena”. Asiento, molesto, y mientras le pongo el billete en sus manos de princesa, veo al orador del seminario al otro lado de la avenida, “Mierda, como no lo reconocí, es el hijo del camarada Pedro Suárez”. El orador está discutiendo acaloradamente con su padre en la acera; Don Pedro se da cuenta que los estudio por lo bajo y acto seguido, se acerca decidido. “Julián, compadre, no sea malito y présteme una Sor Juanita para darle a mi chamaco. El muy pendejo no dio la mensualidad de su costoso reloj y el Uriel de la departamental le pide “pa´l chesco”, que si no le levanta una pinche orden de impago mensual, en tres días se lo paso, por fa, no sea malito”. Asiento. Puta, que exitosos son.
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Acerca del autor

Jared Olvera

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