Literatura

Vivencias Judiciales-“Una Difícil Decisión”. Capítulo Final

Vivencias Judiciales-“Una Difícil Decisión”. Capítulo Final - Literatura

Mientras tanto, en una casa de campo lejos de la gran ciudad:

—Se acabó mi paciencia, creo que ha llegado el momento de acabar de una vez por todas con esta situación. Estamos jugando con fuego, ahora más que esa Laura se ha metido en el que era tu ordenador. Por no decir que el hecho de que Alfonso fuera a hablar con Eduardo no ha ayudado para nada. Tendría que haberlo visto que Guillermo no haría caso de mis advertencias, y mucho menos si tenemos en cuenta la buena relación que hay entre los dos hermanos.

—Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer? —Dani, estaba sentado en un sofá, haciendo girar un bolígrafo entre los dedos—. La verdad es que nadie sospecha nada, por ese lado podemos estar tranquilos. Como sabes, todos piensan que estoy muerto —Dani, miraba fijamente a “El Balas”—. Y Laura, por mucho que busque, no encontrará nada. Y no creo que tenga ganas de hacerlo, menos aún con el mensaje que le dejé.

—Puede que tengas razón, pero no quiero correr riesgos. Mi intención era acabar con todos aquellos que me hubiesen hecho daño en el pasado de una forma original. Pero, después de mucho divagar, he pensado que, al fin y al cabo, si todas esas personas me han perjudicado en el pasado ha sido porque alguien no ha hecho bien su trabajo.

—¿Hablas de Guillermo? —Dani sabía que la respuesta era afirmativa, pero aún así preguntó—.

—¡Por supuesto que hablo de él! —Ricardo Arias miró fijamente a su interlocutor—. ¿De quién si no? Sintiéndolo mucho. No, qué demonios, no lo siento para nada, hay que zanjar el asunto. —Dejó de ir de lado a lado de la estancia, y se sentó, sacó un sobre que guardaba en el bolsillo trasero del pantalón y se lo entregó a Dani—. Toma, aquí tienes un billete de ida para Panamá, y suficiente liquidez para vivir holgadamente una buena temporada, así como tus nuevas señas de identidad. Después de ejecutar tu trabajo, Carlos te estará esperando para hacerte un cambio radical de imagen. Esta será la última vez que hablemos y nos veamos las caras, te deseo lo mejor. Si te soy sincero, me gustaría verle la cara en cuanto vea que estás vivo, y, verle la cara cuando se dé cuenta que tú, al que considera amigo, vas a matarle…Bueno, por eso pagaría. Pero, no va a poder ser, así es la vida.

Dani llegó al portal sobre las siete de la tarde, aprovechó que una vecina salía en aquel momento y entró. La puerta de acceso al bufete estaba abierta, así que sin más entró. Sacó la pistola con silenciador que le había facilitado “El Balas” y se adentró por el pasillo, sabía perfectamente cuál era la oficina de Guillermo, más de una vez había estado allí. No era momento de duda, ni de arrepentimiento, no estaba satisfecho consigo mismo y, pese a intentar justificarse, sabía que no había nada que justificara lo que en ese momento iba a hacer.  Encontró a su amigo sentado en la silla, de espaldas a la puerta. “Qué bien”, pensó, un disparo por la espalda y así no sabrá qué soy yo. Pero eso hubiera sido lo fácil, y, ya se sabe que en la vida no hay nada sencillo. Cuando ya estaba decidido, Guillermo se giró.

—¡Dani, eres tú! ¿O estoy viendo alucinaciones? ¡Pero si estabas muerto! No entiendo nada. —En un acto reflejo, y en décimas de segundo, Dani escondió el arma que hacía escasos momentos tenía entre sus manos—. ¿No dices nada? ¿Qué ocurre? —Se levantó y se acercó al que él creía su amigo—. ¡Pero responde, ni que te hubiera comido la lengua el gato! —Guillermo iba hablando y acercándose al mismo tiempo.

Cuando los dos estuvieron uno frente al otro, a escasos centímetros, sus miradas se encontraron. Dani siguió sin decir nada, hablándole por medio del silencio, y la única respuesta que se encontró, Guillermo, fueron tres disparos.

FIN

 

 

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unaesteladerelatos

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  • A la vez que una partida de ajedrez, cada uno de los dos movía sus fichas y Guillermo sabría que podría conseguir tablas. También conocía el refrán: “Quien a hierro mata, a hierro muere” y aquel otro que decía: “Los muertos descansan para siempre”.
    La mañana empezaba pronto y los peones trabajaban a destajo. Muchas obras se producirían durante el día.
    Este día Dani se debatía entre diferentes opciones. Volver de la tumba y matar a su amigo pero después de lo escuchado por “El Bolas” y sus amenazas a Laura pensó que el siguiente de la lista sería él y si acababa todo esto ¿Qué sería de su vida?. Estar con el rey negro no le gustaba, quería ser libre y acabar con todo esto, además se había ganado la confianza de “El Bolas” y conocía sus cuentas. Antes de ir al juzgado hizo el último encargo.
    Mientras tanto, en el despacho de Guillermo todo estaba tranquilo, sus compañeros despiertos y nadie sabía lo que en unos minutos iba a suceder.
    Cuando Dani llegó con tanta facilidad, pensó que era su día de suerte pero estaba muy lejos de imaginarse lo que vendría.
    Entró en el despacho de Guillermo aunque escondía la pistola, la luz reflejaba en ella y se veía desde el ángulo. Dani estaba asombrado y en el momento en que oyó su nombre, fue lo último que se escuchó, después un punto rojo seguido de un disparo silenció el ambiente.
    Mientras tanto en una caseta lejos de la ciudad se veía en una mesa documentación falsa, dinero y un cadáver acribillado de disparos.
    FIN

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