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Vives en Matrix y eso es bueno



Vives en Matrix y eso es bueno - Ciencia

Aunque vemos nuestra propia nariz siempre que tenemos los ojos abiertos, el cerebro sólo nos permite verla cuando nos miramos al espejo o nos ponemos a pensar en nuestra nariz. Si la mente puede hacer desaparecer nuestra propia nariz sin esforzarse, ¿por qué suponemos que el resto es «la realidad»?

La percepción de los seres vivos no ha evolucionado para percibir la realidad, sino para relacionarnos con ella de forma que sobrevivamos. No percibimos lo que existe, sino lo que nos conviene imaginar que existe para provocar ciertas conductas de acción o evitación.

Por razones prácticas, sentimos y asumimos socialmente que lo que vemos y sentimos, dentro y fuera del cuerpo, es real. Esto equivale a suponer que nuestro cerebro, donde nuestra mente procesa la información sensorial, tiene acceso al mundo real mediante los sensores que llamamos sentidos. Pero es sólo una suposición mentirosa.

Piense usted en esto: el cerebro está toda su vida, dentro de una caja oscura llamada calavera, y recubierta de carne. El cerebro nunca entra en contacto «con el mundo ahí fuera». Recibe, sí, señales eléctricas: por ejemplo, los conos y los bastones del ojo, al ser excitados por fotones de luz (llamamos «luz» al 5% del espectro que podemos ver los seres humanos) envían estas señales por el nervio óptico. Igual ocurre con los otros sentidos. Es decir, todo lo que llega al cerebro es información electrónica; como al ordenador le llega información de una webcam.

El ordenador, es decir la placa base, nunca ha visto el mundo más allá de sí mismo; sólo tiene input eléctrico. Ningún ordenador, ninguna inteligencia artificial capaz de reconocer caras, ha «visto» nunca un rostro; ni ninguna otra cosa. Sólo procesa información electromagnética y genera un output organizado que a su vez produce determinadas respuestas en la iluminación de una pantalla. Es como un robot de limpieza de suelo: con el tiempo escanea todo el espacio y «reconoce» las paredes y los obstáculos; pero en realidad el robot es ciego, nunca ha visto nada sino que ha creado una memoria de eventos en formato de unos y ceros.

¿Qué nos hace diferentes a los seres vivos? Que somos capaces de crear imágenes, o representaciones sensoriales, de nuestro comportamiento; y guardar esas construcciones mentales en formatos organizados, en forma de imágenes o historias. Lo que sentimos, es un mapa de lo que ocurrirá en nuestro cuerpo si hacemos tal cosa en lugar de tal otra. Es decir, es una interfaz, una realmente avanzada y nítida. No es tridimensional, porque no podemos ver un objeto en su interior (salvo que sea transparente) y en todas sus caras a la vez; pero sí representa en dos dimensiones relaciones tridimensionales. No detecta la mayoría de vibraciones en el aire, pero sí las que corresponden con voces, cosas que caen, tormentas.

Pero voces que nos llaman, objetos que se precipitan sobre la cabeza o las nubes enfadadas no son cosas «de ahí afuera» sino iconos de nuestra interfaz, creados por nosotros mismos. No son más reales que los iconos del ordenador, o de unas gafas de realidad virtual. Si los tocamos ocurren cosas; como cuando hacemos click en una pantalla. Pero no son objetos del mundo real, sino mapas icónicos del cerebro encerrado en una calavera oscura.

Estas imágenes no aparecen de forma espontánea; son producto de nuestra interacción social y con el mundo físico. Por eso formamos iconos de todo, desde los seres que viven en nuestra casa, a los seres que imaginamos cuando vamos a una iglesia. Cada icono sirve para hacer fácil y automática nuestra conducta preferida con esa interacción del Mundo Oculto, el real. También nuestras neuronas y nuestro cerebro son iconos de interacción con «programas» invisibles. Esto es lo que en la Antigüedad llamaron maya los indios, y «velo de Isis» los egipcios. No significa, como cree el no iniciado, que la Realidad sea ficticia, o que nuestras ilusiones sean malas. Significa verdaderamente, que la realidad de lo que somos y dónde existimos es invisible, como es invisible lo que ocurre en la placa base de un teléfono móvil para nosotros. Pero gracias a la imaginación, podemos crear escenarios virtuales que nos sirven para comunicarnos con esos circuitos ocultos, donde no hay iconos, ni colores, ni canciones de ninguna clase.

De lo que nos advertían los maestros de antiguo cuando hablaban del carácter ilusorio del mundo, es que no debemos creer que lo que aparece en nuestra pantalla mental, o en la de otra persona, tiene algo que ver con el mundo físico y sustancial. Ni siquiera lo que vemos en un espejo por la mañana es literalmente real, sino virtual. Pero lo virtual es útil, porque es la única forma que tenemos de comunicarnos con la Realidad Invisible.

La Ciencia no estudia la Realidad ni construye representaciones de la Realidad. Es el esfuerzo de una inmensa comunidad de personas, que intentan tener experiencias, o interacciones con la Realidad, parecidas de forma sistemática. De esta forma extraen patrones de lo que ocurre al presionar, o mandar a la papelera, cierto icono, o al poner un icono dentro de otro. El cirujano extrae un icono en forma de piedra del riñón, y aparece en su interfaz una serie de cambios que suelen significar que el icono del paciente dejará de gritar de dolor en el futuro.

La Ciencia es posible, porque los individuos de la misma especie tenemos una interfaz muy parecida; hasta vemos casi los mismos colores. Y los grupos de personas que más comparten experiencias e interacciones, configuran su interfaz de forma aún más aproximada. Si esto se hace de forma organizada, se llama ir a la escuela o a la universidad.

Cuando los iconos virtuales o su configuración no parecen servir bien para que nos relacionemos con el Mundo Oculto de forma que sigamos en él, es hora de cambiarlos. Una persona sabia y culta, tiene muchos iconos y distintos entornos creados por su mente, que le permite establecer muchas más interacciones y comportamientos que los que tiene una persona ignorante. Una persona ignorante o fanática, tiene una interfaz muy despejada y simple; sus respuestas son rápidas y eso es muy eficaz, pero sólo funciona esta estrategia en entornos muy determinados, y además no puede tener muchos procesos en marcha al mismo tiempo. El sabio no conoce la realidad más que el ignorante; pero ha aprendido a no golpear tanto las paredes al moverse y puede salir de la habitación, de la casa, de la ciudad e interaccionar con la Realidad en modos extraordinarios.

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Acerca del autor

DiegoT

2 comentarios

    • Por supuesto que tenemos acceso a lo real; somos reales, mientras el Universo nos permita vivir. Sin embargo, lo que quiero transmitir es que nuestra relación con la realidad no es de conocimiento, sino de supervivencia. No sobreviven los seres que aprecian la realidad tal cual es, o la reciben; sino los que toman las acciones adecuadas para seguir en ella. Como existe este sesgo fundamental, no cabe esperar que nuestra interfaz de la realidad sea parecida a la realidad, sino parecida a lo que «necesitamos ver» para tomar la decisión correcta en todo. Por ejemplo, vemos colores y nos llaman más o menos la atención; pero los colores no existen en el mundo real. Probablemente las formas y las dimensiones que percibimos tampoco sean literalmente reales. Gracias por comentar.

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