Política

Votar si, votar no

Votar si, votar no - Política

El próximo 28 de Abril hay elecciones generales para elegir nuevo presidente del Gobierno. Y no tengo ni idea de lo que hacer. Las opciones no son muy halagüeñas, puedes votar al señor de la casta Pablo Iglesias, al populista Santiago Abascal, al veleta Albert Rivera, al retrógrado Pablo Casado o al inepto Pedro Sánchez.

PP y PSOE son lo mismo, partidos que desde el inicio de la democracia han copado el panorama político electoral y han sabido colocarse en las instituciones para chupar del bote. Dos partidos corruptos, que me hace recordar al Turnismo de Cánovas y Sagasta.

El chollo se les acabó porque apareció PODEMOS y CIUDADANOS, que arrojaban un chorro de aire limpio, pero que no han cambiado nada.

El problema es mucho más profundo que el de no haber candidatos ni partidos serios, el problema es que el sistema no funciona. Esto que tenemos no es democracia, es una degeneración denominada democracia representativa, pero que no tiene ni un cimiento de la auténtica democracia. La democracia significa gobierno del pueblo, pero este no participa en las leyes, por tanto, no se le puede llamar democracia. Los ciudadanos nos limitamos a votar a un partido y luego los políticos hacen con tu voto lo que les da la gana.

Y el voto es ejercido de aquella manera. Yo he visto a gente votar porque le cae mejor uno que otro o porque uno es más guapo que otro. He visto a personas jóvenes que han ido a votar por orden expresa de sus padres, quienes le han dicho lo que tienen que elegir. La mayoría de la población no sabemos el contenido de los programas electorales, es decir, que no sabemos ni por lo que votamos, simplemente nos dejamos llevar por una ideología arraigada en la costumbre de la familia o porque hay una postura política concreta que un partido defiende y con la que nos sentimos muy identificados. Cuándo un partido gana, ¿realmente ostenta la legitimidad y confianza del pueblo? Yo creo que no.

Además, la política se ha convertido en otra forma de ganarse la vida. El ejemplo más claro es el de PODEMOS. Este partido prometía cambiar la vida de los ciudadanos españoles y lo único que ha cambiado han sido sus vidas propias. Una vez que Pablo Iglesias se ha metido en el congreso y recibe su buen sueldo todos los meses, no se acuerda de todas las cosas que quería cambiar. Le da igual si no puede cumplir todo aquello que prometió, pues él tiene asegurado un buen nivel de vida.

Y como sucedió con la formación morada, sucederá con la formación verde. VOX parece que va a irrumpir fuerte en el congreso. La historia se repite igual que con PODEMOS: hartazgo de la gente, un buen discurso populista, se ganan la confianza de los que están hartos, estos les votan, y otros tantos más a chupar de la política, a vivir del sueldo pagado por todos los españoles. Es simple.

Por eso lo que me pide el cuerpo es no votar. Pienso que todo este sistema político corrupto debe terminar y que la democracia representativa debe acabar. Ahora, ¿qué sistema podría sustituir a la democracia?

El filósofo Platón, en la democracia de la antigua Grecia, decía que el pueblo iletrado y pobre no podía gobernar, pues no poseía los conocimientos para llevar a cabo la laboriosa tarea de llevar un país, y tenía razón. Él proponía que debía gobernar una aristocracia de las personas más sabias que hubiese en la sociedad, pues ellos sabrían mejor que nadie que es lo mejor para el país. Y los elegidos debían renovarse cada poco tiempo para que no pudieran corromperse con el poder.

A mi esta idea en la teoría no me parece mal. Tenemos gobernantes ineptos, que en la mayoría de los casos no están ahí por méritos propios, si no por haber tenido suerte, por ser “amigo de”, “hijo de”, por tener dinero e influencia o por saber camelar a la ciudadanía con su discurso. Al poder no llega el más preparado, si no el que mejor sabe hablar o el que más influencias tiene. Creo que a estas alturas del siglo XVI ya no tiene sentido hablar de izquierda y derecha, pues todos al fin y al cabo son iguales, y no hay tanta diferencia de clases sociales en nuestra sociedad actual como la había antiguamente. Este juego político debería acabar y quizás, formar una institución con las personas mejores preparadas de la sociedad. Aunque sinceramente, tampoco estoy seguro de que esta sea una solución que acabe con todos los problemas, pues vivimos en un mundo globalizado, donde gran parte de nuestra soberanía la hemos trasladado a la Unión Europea, y básicamente hacemos lo que nos dice esta. Además, es difícil encontrar a los más sabios y es mucha responsabilidad la que caería sobre ellos, como es gestionar un país.

Así que, durante este mes que queda hasta las elecciones, me debatiré internamente entre si debo votar o no. Tomaré palomitas mientras veo como los políticos se atizan unos a otros y nos enfrentan entre nosotros, y a tratar de vislumbrar una solución para ver si en algún futuro esto puede cambiar.

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Acerca del autor

Mario Redondo Cordero

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