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Vulnerabilidad frente a la agresión del psicópata

Vulnerabilidad frente a la agresión del psicópata - Sociedad

En referencia al artículo ¿un psicópata en tu entorno? Continuo con el tema que tanto protagonismo tiene el trastorno de la personalidad de la psicopatía.

Por mucha información que podamos tener sobre los peligros que nos acechan, sobre los casos de violencia, violaciones, asesinatos, mobbing,… y un largo etc, siempre vamos a verlos en un segundo plano, como si no fuesen a afectarnos o fueran situaciones surrealistas que les ocurren a otros, pero no a nosotros. Este comportamiento es una característica que tiene nuestra mente para vivir felices y, por lo tanto, para la supervivencia. Si no, ¿quién podría dormir tranquilo pensando en esos horrores? Sería terrible.

A la vez que es un mecanismo de supervivencia también es una debilidad, que se convierte en una incapacidad de defensa cuando topamos con una situación de agresión. El cerebro empático no entiende la violencia por la violencia, circunstancia que aprovechan las personas agresivas que tienen como objetivo algún tipo de confrontación para hacerse con el control del ambiente. Entre los diversos perfiles que puedan existir entre este tipo de personalidades, destaca la del psicópata narcisista. Aunque hay más tipos de psicopatía, éste es remarcado por su peligrosidad implícita a través del engaño y la seducción. Y es muy peligroso por la mera cuestión de que es más fácil agredir a la víctima si, previamente, hemos propiciado un acercamiento íntimo con ésta que si nos limitamos a asustarla.

El psicópata narcisista, como describe Vicente Garrido, tiene una amabilidad y encanto superficial, carece de principios y disfruta seduciendo primero, y estafando después a su víctima. Además, posee una gran habilidad para socialmente, adoptando un aire de inocencia a través de su carisma y su locuacidad. Pero su segundo plano, que no muestra, son las ansias de venganza y de actitudes desdeñosas una vez que ha conseguido su objetivo o lo han descubierto.

Esta falsedad de entrada, esta otra cara de la moneda, es la que los hace tan poderosos. Vivimos en una sociedad donde el cinismo y la hipocresía abundan, pero todos nos mostramos crédulos con aquellos que todavía no nos han demostrado que mienten. Esta es una debilidad que las mentes psicopáticas conocen y de la que tratan de extraer el máximo beneficio, convirtiéndose, de primera mano, en personas creíbles, carismáticas, inteligentes y capaces.

También, en este mundo material, tendemos a negar la percepción de la intuición. Aquellos signos que no nos encajan de una persona se suelen descartar una vez los hemos evaluado desde un punto de vista lógico. “¿Cómo va a tener malas intenciones una persona tan amable y con tanta cultura? Debo de ser yo, que a veces presento una conducta antisocial”. Este pregunta reflexiva hace alusión a otra cuestión de nuestra vulnerabilidad: la baja autoestima y la falta de seguridad en nosotros mismos.

Las personas inseguras que presentan algún tipo de carencia son víctimas en potencia de los psicópatas, porque, además, son personas que muestran las cartas de la inseguridad abiertamente. Aunque, en realidad, todos podemos mostrar estas cartas en algún momento turbulento de nuestras vidas. Esta inseguridad trae consigo sentimientos de culpa frente al abuso, que lo potencian todavía más y engrandecen al psicópata. Pensamientos como “tengo que agradarle”, “no soy suficientemente bueno/a”, “si me esfuerzo puedo cambiar la situación” son alimento de la mejor calidad para el agresor. Por otro lado, es un terrible error pensar que podemos cambiar a una persona proclive al abuso y la violencia. Con esa postura lo que conseguimos es atarnos todavía más a él y permitir que continúe con la degradación.

Otro factor que nos socava enormemente es la intención de hacer la vista gorda con respecto a los abusos que nos rodean y la aceptación de los mismos. Como ya mencioné al comienzo del artículo, no queremos creer que una situación de violencia nos puede afectar o esté afectando a otros. No queremos creer que nuestro jefe, nuestro padre, marido o hijo es un psicópata, y aceptamos que ciertas personas que ejercer un papel de poder deben tratarnos como nos tratan, a nosotros o a personas de nuestro entorno.

La aceptación de un machismo rancio por parte de algunas mujeres es un claro ejemplo de ello. Otro ejemplo podría ser el despotismo que despliegan según qué empresas sobre sus empleados a través de jefes con características psicopáticas. Se sobreentiende que son circunstancias que se han de soportar frente a la falta de alternativas, y que es el papel que le ha tocado a cada uno.

Un pensamiento así se debe, básicamente, a la cultura que nos rodea y al pasado histórico que nos persigue. En la actualidad, por citar algo que está en el candelero, la ley contra la violencia de género nos está haciendo más conscientes del maltrato y de los crímenes que hay contra las mujeres, y, lo más importante, nos está convirtiendo en una sociedad más sensibilizada. Esta nueva perspectiva contrasta con la que teníamos hace unos 50 años, en la que no se reparaba en “esos detalles”. La mujer estaba totalmente indefensa y las propias autoridades se burlaban de los problemas domésticos.

La insensibilidad social, característica de algunos regímenes políticos, ha sido otra arma de la que han hecho uso los psicópatas para desplegar su maldad y su cara encubierta al verse con plena libertad de movimientos. No hay más que pensar en todas las aberraciones que se hicieron en la Alemania nazi.

En resumen, con este artículo quiero sacar las siguientes conclusiones para actuar en contra de la vulnerabilidad nata que tenemos todos los empáticos:

  • Algunos conceptos sociales han de cambiar y seguir cambiando.
  • No nos debemos fiar de las apariencias, pero sí de nuestra intuición
  • Debemos querernos a nosotros mismos y cuidar la autoestima
  • No es posible cambiar a las personas, lo que sí es posible es tomar decisiones que nos beneficien a nosotros mismos, y debemos sentirnos seguros de tomarlas.
  • No tratemos de entender la violencia, solo ser conscientes de que existe y tratar de protegernos.
  • Nadie nos debe pisar el terreno porque se muestre superior, ni debemos aceptar la superioridad del sujeto opresor.

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Villalba

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