Literatura

Ya no me podrás pegar

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Ya no me podrás pegar - Literatura

No sé como pasó, pero esto fue lo que a mí me sucedió.

Yo solamente le pregunté quién era aquella chica de nombre Andrea, y tú mi amor reaccionaste como un loco, causando una fuerte pelea.

Ese día me diste una bofetada, y yo no te dije más nada…

… Al día siguiente me pediste perdón y yo con mucho amor te abracé e hicimos el amor.

Cuando te fuiste a trabajar, me quedé en casa y reflexioné; yo fui culpable de aquella pelea, ¿Porqué tuve que preguntarle quien era la tal Andrea?

Quizá es una buena amiga, una compañera, una conocida, puede ser una parienta.

Yo y mis celos enfermizos, es que no soporto verlo ni hablando con los vecinos. Pero como buena mujer de hogar, prometí que iba a cambiar.

El siguiente fin de semana, mi amado llegó borracho a casa, yo me extrañé, pero le sonreí y después lo abracé.

Un fuerte olor a mujer yo le detecté, no pude controlarme, así que sutilmente lo cuestioné: ¿Amor, por qué tu olor es como el de una mujer?

No pasaron ni 5 segundos, cuando ya me tenía en el piso; dandome puños, tomando mi larga cabellera, arrastrándome por las escaleras.

Cuando terminó de bajarme, me sacó a la calle.

Yo pegué gritos de auxilio, e inmediatamente salieron los vecinos. Me socorrieron, y a mi compañero…

… Por mi culpa casi le dan una paliza, pero él salió corriendo.

Agradecida con todos ellos, de mí se despidieron; yo entré a casa, y me sentí culpable, ahora mi amado será catalogado como el más miserable.

El sábado en la mañana, él llegó más borracho, me pidió perdón, y de una manera muy deliciosa hicimos el amor.

Este episodio no paró allí, pues el hombre que decía amarme no me dejó de pegar. Cada fin de semana era su plato especial; pues descubrí que andaba con muchas mujeres y ni le podía reclamar.

Lo dejé, me buscó y lo perdoné

Los golpes continuaron y yo me sentía culpable; temí denunciarlo porque yo no me cansaba de amarlo.

Tal parece que me acostumbré a sus golpes, hasta que una noche…

… Cuando decidí que ya era suficiente, esperé que llegara, sin imaginar lo que me esperaba.

Llegó con otra mujer, me la pasó por encima, sentía que moría.

Me gritó todos los defectos que yo tenía, sin mencionar lo malo que él a mi me hacía.

Me lancé hacia aquella esqueletuda señora, le pegué varias bofetadas y si mi amado no me la hubiese quitado, con ella quizá me habría desquitado.

Como de costumbre y con gran descaro, aquel al que yo amé tanto, me pegó hasta por fin llevarme al descanso.

Hoy,  a ti mujer que sufres por los golpes de tu amado; despierta ya, porque no es fácil calmar los dolores y  profundos llantos.

Mi cuerpo yace en una oscura tumba, porque reclamar mis derechos no quise, ya que creí tener siempre la culpa.

Atte. Una muerta consejera

 

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Acerca del autor

Kirella Pino

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