Sociedad

Yo Y Mis “maldita” Adicción Sexual.

Yo Y Mis “maldita” Adicción Sexual. - Sociedad

Soy un hombre  de  50  años,  recién  cumplidos, no  poseo  vicio  de  alcoholismo,  drogas o  tabaquismo. No  tengo  bulimia  ni  anorexia o  algún  trastorno de  la  personalidad. Solamente,  una  leve  adicción a las  bebidas carbonatadas  me  abate, pero  no  es  nada  serio  como mi  adicción  al  sexo. Desde  pequeño,  aproximadamente a las  4  años o  antes,  comencé  con  una  práctica  que , en  la  edad  adolescente  y  adulta,  se considera  normal, esta  práctica  fue  la  masturbación. Hasta 3  veces  al  día,  yo  hacía esfuerzos por  subirme a una mesa de escritorio, empujándome así mismo una y otra vez como  evitando  caerme y simulando  que jineteaba,  pero,  en  realidad,  lo  que buscaba era   provocarme   una  fuerte excitación y posterior  eyaculación  que  me  llevaba  a  un  placentero  orgasmo sin  ni siquiera  echar  semen,  de  hecho, creo  que  era  orina. Nunca  comenté  con  nadie esta  extraña  actitud,  de  hecho,  si  eso  hubiera  ocurrido ,  hubiese  recibido  tratamiento  psicológico,  porque  esto  no  era  ni  bueno  ni  normal. Siempre, cuando tenía esa misma  edad,  mi  familia  solía  contratar  trabajadoras  domésticas,  provenientes  del  área  rural, para  cocinar,  hacer  limpieza  y  lavar. Estas mujeres,  sin  educación y sin,  absolutamente, nada  de  moral,  comenzaron a  ver  a  mi  hermano  mayor ,  de  apenas 10 u 11  años,  como  un  hombre  adulto, las  desgraciadas  saciaban su  apetito  sexual  con  él,  quien  era  3  años  mayor  que  su  servidor  que  les  cuenta  la  historia, yo  tenía para  entonces 7 u 8 años.La  situación  era  propicia  para  tener  una  sexualidad, totalmente,  torcida y para  nada sana; pues,  en  mi  familia, la  comunicación  entre  padres  e  hijos  era, prácticamente nula; así  que, ¿ a  quien  iba  a  preguntarle  si  esa  era  una  práctica  buena  o  insana?. Todas  las  noches  era  lo  mismo,  mi  hermano se levantaba  a  media  noche,  esperando  que  todos  estuviéramos  dormidos  y  roncando y  se  escabullía hasta  el  cuarto  de  la  muchacha, llegaba  y,  sin  tan  siquiera  apagar  la  luz,  la  montaba  con  fuerza. Eso  sucedió por  años  con  diferentes  trabajadoras. Mientras  tanto  mis  prácticas  de  masturbación  eran  cotidianas. Recuerdo  un  día,  que  una  niñera  me  cuidaba  y,  al  mismo  tiempo, platicaba  con  otra  muchacha  vecina, también trabajadora, ambas, para  mi  sorpresa,  miraban  una  revista  pornográfica  de  su  jefe,  vecino  nuestro. Entonces yo,  de  apenas  6  años, las  vi  con  la  revista e , inmediatamente, mi  muchacha  me  la  dio. rápidamente,  me  voy  corriendo hasta  mi  cuarto  con  la  revista  pornográfica  y  me  masturbé  de  la  forma  que  ya  describí. Para entonces, no había ningún  adulto  que  me  supervisará o  educara, todos  nosotros,  los  niños,  pasábamos  todo  el “santo día” solos, aunque  cuidados  por  trabajadoras  domésticas  o  muchachas; pero, obvio,  no  era  lo  mismo  como  si  nuestros padres lo  hubieran  hecho, pero, lastimosamente, ellos  tenían  que  trabajar.

El  tiempo pasó y  cuando  tenía , aproximadamente, 9 años,  en un  reconocido  colegio  de mi  país, un   amigo  de  mi  hermano ,  con  engaños,  me llevaba a  los  servicios sanitarios  y, ya  estando  ahí, me  mostraba  su  pene para  que se lo  tocara y  se lo  besara. De nuevo  la  misma  historia,  nunca  hubo  un  adulto  que  me  socorriera  y  evitara  esto. Con  el paso  del  tiempo,  cuando  cumplí 12  años, me  llevaron  a  visitar  a un  tío,  quien  hace 8  años  murió, y  estando  en  su  casa, me  llamó y  me  dijo: sobrino, ¿no  quieres  ver  unas  revistas  bien  interesantes?. Vengo  yo,  con  asombro  y  alegría las  tomé  y  me  las llevé  a  mi  casa y, a  partir  de ese  momento, me  volví  adicto a  la  pornografía. En  ese  entonces, hablo  de  1982, no  existía  el  internet  y  dicho material obsceno  era  mucho  más  difícil  de  conseguir. Todos  los  días  me  masturbaba, al menos, 5  veces. Pasaron los  años y  cuando  cumplí 14, nunca  me  había  relacionado  con  chicas, pues  estudiaba  en  un  colegio católico, exclusivo de varones. Entonces uno de  mis mejores “amigos”, y lo  pongo  entre  comillas por que a  este  tipo  de  individuos  no se  merecen  que  se  les  llame  así, me  dijeron: “bueno,  ahora  nos  vas  a  demostrar  que  eres  hombre y  que  no  eres  un “maricón” (palabra  para  referirse  a  todos  los  chicos  homosexuales, pues,  en  ese  entonces no  existía  el término gay), así  que  te  llevaremos  donde  las  putas”. Eso  para  mí  fue  la  oportunidad  de  demostrar mi  masculinidad  y  quedar  bien  con  el  grupo, pues  la  presión  grupal  de  los  demás  compañeros  era  enorme  para  poder  ser  aceptado. “Dicho y  hecho”,  al  día  siguiente  me  llevaron donde  una  prostituta  en  una  de las  zonas  más  famosas  de  mi  país conocida  como la Avenida. Ahí uno  puede  encontrar mujeres  de diversos tamaños,  formas  y  colores, por  los  precios  más  módicos y  hace  35  años (1984), que  fue  el  año  en  que  estos desgraciados  me  llevaron, costaba 0.60 centavos  de  dólar. No  voy  a  entrar  en  detalles  sobre  el  momento  de  la  relación,  pero  fue algo  sin  sentido y  sin,  absolutamente, nada  de  amor.  Lo que  sí puedo  asegurar es  que  a  partir  de ese momento,  comencé  a ver  en  las prostitutas  como  las  únicas  mujeres  con  las que  puedo  tener  relaciones  sexuales,  sin  amor,  sin involucrar sentimientos. Yo  no  puedo  pasar más  de  un  mes  sin   sexo y  a  las  mujeres  no  les  puedo  ver  su  aspecto  emocional o  espiritual. Para  mí,  una  mujer  vale por  su  cuerpo, por  lo  que  tiene  en  medio  de  sus  piernas. Para mí, ellas son exclusivamente importantes, por  el  morbo  que  provoca  su  cuerpo. Esta  situación  es  sumamente  difícil y sé, muy  bien,  que  debido a esto, nunca me  casaré  o  haré  una  vida  normal con una  mujer  a  la  que  ame, valore y respete. Los  únicos  culpables  de  mi  situación fueron  el  ambiente  familiar  y  escolar  que  viví,  con  una  total  ausencia  de  adultos  que  cuidaran  de  mí, un  niño  desprotegido  en  un  mundo salvaje y  sin  moral. A partir de  mi  visita  a  las  prostitutas o trabajadoras  del  sexo, me  había  iniciado  en  el  mundo de  la  adicción sexual.

Ahora, a mis  50  años, no  me siento  orgulloso por  lo que  soy, pues,  siempre, soñé con  ser  el  padre  amoroso  y  comunicativo, no como  el  padre  ausente  que  tuve,  quien  creía  que  la  escuela  me iba  educar  en  todo. No me  siento  feliz por  mi  sexualidad  torcida, una  sexualidad  formada  con  golpes  y  sin  supervisión o dirección. No sé cuantos  de  ustedes, hombres o  mujeres  que  leen  este  artículo, están  pasando  por  la  misma  situación; no  sé hasta  donde  la  adicción  al  sexo les  ha  impedido  formar  familia  o  ahorrar dinero; pero la  verdad que a mí  me  ha  impedido mucho, pues  por  este  maldito  vicio, he  sido incapaz  de  ver  el  interior de  las  mujeres, su  inteligencia y  todos  aquellos aspectos  que  no  tienen  nada  que  ver  con  la  físico. A pesar  de  todo lo  mal  que  estoy  en  mi  sexualidad, espero, algún día, encontrar  a  alguna  mujer  que  me  ayude  a salir  de  esto y  con  quien  pueda  formar una  familia  como la  que  siempre  soñé.

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sergitus

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